




Aunque puede parecer fácil hacer unas fotos como estas, su simplicidad es únicamente aparente. No sólo es la primera práctica en la que el objetivo es fotografiar personas, sino que además hay que invadir su intimidad en cierto modo, cosa que normalmente no suele ser del agrado de nadie. Sin embargo, mi experiencia con los trabajadores del Mercado de Santo Domingo ha sido muy positiva. Ninguno de ellos me impidió fotografiarle, a pesar de que todos los años les toca pasar por lo mismo. Por otra parte, en esta práctica empecé a tener problemas con mi cámara y no me salieron más que ocho fotos y bastante oscuras. Me dio mucha rabia, porque había hecho algunas fotografías interesantes de un tiburón que vendían en un puesto de pescado.
El primer fotografiado se llama Daniel y es un hombre muy agradable. Cuando me vio pasar con la cámara, no hizo falta que le pidiese permiso para nada. Me dio todas las facilidades e incluso me ayudó a montar un bodegón. Como fue tan amable conmigo, no pude dejar de incluirle en mis fotos. A pesar de ser un hombre muy animado, no pudo evitar entristecerse cuando me contó que cada vez menos gente se acerca a hacer la compra al mercado.
Después de despedirme de Daniel continué mi paseo por el mercado hablando con casi todos los tenderos, gente muy maja, por cierto. Cuando apenas me quedaban cuatro fotos en el carrete, me encontré con una compañera de clase que había escogido el mismo día que yo para acercarse a Santo Domingo. Me ofrecí a acompañarla a hacer sus fotos y estuvo muy bien, porque conseguimos que las panaderas me dejasen entrar en su puesto e Itziar pudo fotografiarme con la bata blanca puesta. También estuvimos investigando un poco por el reservado que hay detrás de los puestos de pescado, observando cómo descargaban la mercancía y la colocaban en su lugar. Excepto una mujer que vendía bacalao, todos los demás estuvieron en todo momento dispuestos a hablar con nosotros, lo que siempre se agradece, ya que es bastante habitual que los estudiantes resultemos un estorbo.
Considero que esta ha sido una experiencia positiva, no sólo porque ayuda a vencer la vergüenza y a enfrentarse a la gente, sino también porque probablemente de no haber sido por esta práctica, todavía no habría visitado el mercado de Santo Domingo. Y habría sido una pena, porque cuando te acercas a un lugar así te das cuenta de que todavía quedan sitios en los que parece que el tiempo no ha pasado, en los que el trato humano sigue siendo lo más importante. Y eso, teniendo en cuenta la sociedad en la que vivimos, no es nada fácil de encontrar.
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